Paciente con tratamiento para la anemia
Asesor Médico

Anemia en personas mayores

La anemia es frecuente en las personas mayores y a veces se asocia con una mayor incidencia de patologías y mortalidad. Te contamos todo sobre sus causas para un diagnóstico y tratamiento adecuado.

Paciente organiza pastillas para el tratamiento de la anemia

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Publicado febrero 2022

Marga, Socia de MAPFRE teCuidamos, está preocupada porque su padre hace un tiempo que come bastante peor y tiene miedo de que pueda incurrir en algún tipo de carencia como la anemia. Por eso decide consultar con el Asesor Médico Especialista en Gerontología de MAPFRE teCuidamos para que le ofrezca información experta sobre este tipo de dolencia en personas mayores, su prevención y su posible tratamiento, si ésta ya se ha producido. El asesor que le atiende le explica que la anemia en personas mayores es muy frecuente ya que la prevalencia se incrementa con la edad. Su origen suele ser multifactorial y debido, por ejemplo, a carencias nutricionales, pérdidas por hemorragia, etc., y en muchas ocasiones está infratratada. El tratamiento dependerá de las causas que la provoquen, aunque en uno de cada tres casos no se identifica una causa única ara la anemia. Además, el asesor le ofrece otras informaciones de interés sobre la anemia en adultos mayores.

  • ¿Qué es?
  • Tipos de anemia
  • ¿Cómo afecta?
  • Prevención y tratamiento

¿Qué es la anemia?

La anemia no es, propiamente, una enfermedad ni el término “anemia” a secas debe utilizarse como diagnóstico. La anemia se define como la disminución del contenido de hemoglobina de la sangre, el pigmento contenido en los glóbulos rojos, que da a la sangre su color característico y que se encarga de transportar el oxígeno desde los pulmones hacia el resto de los tejidos del cuerpo. Se considera que existe anemia cuando los niveles de hemoglobina en sangre están por debajo de 13 g/dl en hombres y de 12 g/dl en mujeres. Uno de los componentes principales de la hemoglobina es el hierro. Hasta el 60% del hierro total del organismo forma parte de la hemoglobina. El resto se encuentra almacenado en el hígado, en los músculos, en la médula ósea y en el bazo.

La anemia no siempre se manifiesta con síntomas claros. A veces, un análisis de sangre rutinario la detecta sin que el paciente haya notado ningún síntoma. Solo en caso de que la hemoglobina disminuya de forma importante aparece el cansancio, palpitaciones, dificultad respiratoria al realizar un esfuerzo, mareos y, en ocasiones, dolores de cabeza. En las personas mayores o con problemas cardíacos puede dar síntomas similares a los de una angina de pecho.

 

Tipos de anemia que existen

La anemia puede ser una manifestación de diferentes procesos y enfermedades, de muy diferente trascendencia. Según la causa de la anemia se pueden diferenciar tres grandes grupos: las deficitarias o carenciales, las asociadas a trastornos crónicos y las que no tiene causa aparente. Las más frecuentes son:

Anemia ferropénica:

La anemia ferropénica es la más habitual de las llamadas ‘anemias microcíticas’, en las que el tamaño de los glóbulos rojos es más pequeño de lo normal. Es la más frecuente, y se debe a una carencia de hierro. Ésta puede ser por una ingesta insuficiente, una malabsorción intestinal o una pérdida insidiosa de sangre (pacientes con úlcera gastroduodenal, medicación anticoagulante o cáncer de colon). En las personas mayores la anemia ferropénica supone casi el 20% de las anemias deficitarias. La causa más frecuente de la ferropenia es, con mucho, las pérdidas digestivas, potenciadas en muchos pacientes por el uso de anticoagulantes y antiagregantes.

Anemia por déficit de vitaminas:

Se debe a una carencia de vitamina B12, de ácido fólico, o de ambas. La vitamina B12 se encuentra sobre todo en los alimentos de origen animal, como la carne, el pescado, los huevos y los productos lácteos. Su carencia puede ocurrir en sujetos que presentan determinados problemas digestivos que tienen como consecuencia un déficit de su absorción (como la denominada “anemia perniciosa”). También puede ocurrir en personas que no consumen alimentos de origen animal. Las necesidades diarias de vitamina B12, en cualquier caso, son bajas, por lo que pueden pasar años hasta que aparezca la anemia.

Por lo que se refiere al ácido fólico, este se encuentra principalmente en las frutas y verduras (aunque la cocción prolongada lo destruye). Su carencia puede deberse a una ingesta insuficiente o a una malabsorción intestinal. A diferencia de la anemia ferropénica, las anemias por déficit de B12 o ácido fólico son anemias “megaloblásticas”. En este caso, los glóbulos rojos presentan un tamaño mayor de lo normal.

Anemias hemolíticas:

Se deben a una destrucción acelerada de los glóbulos rojos, bien por un hiperesplenismo (aumento de tamaño del bazo, el órgano donde se destruyen los glóbulos rojos), por una causa autoinmune o por un defecto en la constitución de los glóbulos rojos que hace que estos sean más vulnerables, como sucede en ciertas anemias hereditarias (como la talasemia, la anemia falciforme y otras).

Otras causas:

Existen otros procesos que también pueden acompañarse de anemia: las leucemias, la disminución de la producción de glóbulos rojos por la médula ósea (hipoplasia medular), la insuficiencia renal o numerosas enfermedades crónicas de cualquier tipo son algunos de ellos.

 

Cómo afecta la anemia a las personas mayores

La prevalencia de anemia se incrementa con la edad. Entre el 5 y el 10% de personas de 65 a 70 años tiene anemia, mientras que esa cifra se incrementa hasta el 15-25% en pacientes de más de 80 años. Por otro lado, las personas mayores de 65 años que cumplen criterios de fragilidad tienen una prevalencia mucho mayor, pudiendo superar el 50%. La anemia en personas mayores es indicativa de una o más patologías subyacentes y se asocia a un mal pronóstico vital y funcional a medio-largo plazo.

De este modo, la anemia se asocia con alteraciones cognitivas y problemas cardiovasculares. La existencia de anemia determina la reducción del transporte de oxígeno a los tejidos periféricos, lo que puede dar lugar a mecanismos compensatorios como el desarrollo de hipertrofia del ventrículo izquierdo que favorecería la aparición de disfunción cardíaca y sería por ello un predictor de eventos vasculares futuros. Además, la existencia de anemia se asocia a una menor resistencia física y un mayor riesgo de discapacidad, ambos factores de riesgo de caídas y fracturas. Asimismo, diferentes estudios han constatado que la anemia es un factor predictivo de mortalidad a medio y largo plazo en personas mayores.

Prevención y tratamiento de la anemia

La anemia por deficiencia de hierro no es infrecuente en ciertos colectivos, que incluyen −además de mujeres en edad fértil, embarazadas y personas con dietas restrictivas− a las personas mayores. Las carencias en ácido fólico y/o vitamina B12 pueden ser también responsables, pero en mucha menor medida. Se trata de los únicos casos en los que se puede hablar de prevención a partir de la alimentación. En caso de existir anemia pese a una buena alimentación, ya no hablamos de prevención, sino de tratamiento, en el cual se haría uso del hierro, de la vitamina B12 o del ácido fólico como medicamentos.

El hierro presente en los alimentos puede estar en forma hemo (carnes y pescados), y en forma no hemo (alimentos vegetales, huevos, lácteos y sales minerales). La forma hemo es la que se absorbe más fácilmente. Las vitaminas C y D potencian la absorción de hierro, mientras que la fibra insoluble (por ejemplo, la presente en la cubierta de los cereales) y algunos minerales, como el calcio o el zinc, inhiben su absorción. El café y el té es mejor tomarlos entre comidas para reducir su efecto inhibidor.

La ingesta diaria recomendada de hierro es de 12 mg/día para los hombres y de 15 a 18 mg/día para las mujeres en edad fértil. Después de la menopausia, la mujer necesitará la misma cantidad que el hombre. El contenido de hierro destaca en alimentos como moluscos, vísceras, legumbres, espinacas, sardinas en lata, frutos secos y carnes. En cuanto a la vitamina B9, destaca sobre todo en espinacas, vísceras, legumbres, verduras y frutas. Asimismo, el contenido de vitamina B12 destaca en vísceras, pescado, carne y huevos.

Tratamiento:

Para el tratamiento de la anemia es necesario abordar el problema de base responsable de su aparición. En el caso de la anemia ferropénica el tratamiento será oral en la inmensa mayoría de casos a partir de sales ferrosas. Para el tratamiento de la anemia megaloblástica se suministrará, según el caso, ácido fólico o cobalamina (vitamina B12). Finalmente, para la anemia debida a procesos crónicos, como la patología renal, el tratamiento se realiza con agentes estimulantes de la eritropoyesis o producción de glóbulos rojos, como la eritropoyetina.

Marga, que pertenece al Plan de Fidelización de MAPFRE, queda muy satisfecha con la información facilitada y tiene claro que siempre que tenga alguna duda consultará con un Asesor de MAPFRE teCuidamos y pedirá cita con un especialista.

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