Pesadillas

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Adela está preocupada porque su hija de 5 años sufre pesadillas últimamente que le hacen despertarse cada noche alterada y gritando. No sabe a qué pueden deberse pues no lo relaciona con ningún suceso en particular, como haber visto una película, o escuchado alguna historia… pero tampoco lo tiene claro, por eso decide llamar al Servicio de Orientación Psicológica y plantear su inquietud.

El psicólogo que la atiende empieza tranquilizándola al comentarle que aunque suelen preocupar a los padres, las pesadillas forman parte del desarrollo normal de un niño cuando se presentan entre los 2 y los 6 años aproximadamente. La duración de éstas puede ser de varias semanas y suelen disminuir a medida que aminora o desaparece el fenómeno que causa la ansiedad, en el caso de que haya uno evidente. En los casos en que las pesadillas se producen con mucha frecuencia y, en especial si el niño tiene 7 años o más, es aconsejable consultar con un profesional en psicología infantil para que realice una valoración. Sería diferente de los terrores nocturnos, en los que a consecuencia de sueños el niño grita, llora, emite movimientos bruscos, sudoración y taquicardia, pero no se despierta si no es por estimulación externa, y cuesta calmarlo y que reconozca donde está y a sus padres enseguida.

En el caso de las pesadillas, algunos de los consejos que le brinda para reducir la incidencia de pesadillas o para evitar que éstas aparezcan son:

  • Conocer las preocupaciones del niño, por ejemplo, en el colegio, en casa o con sus amigos.
  • Comentarlas detenidamente con él y ayudarle a resolverlas.
  • Evitar que el niño se exponga a determinados estímulos ansiosos antes de acostarse, como ver películas o escuchar historias de miedo, o que realice ejercicios físicos violentos.
  • Cuando el niño se despierta por una pesadilla, los padres deben acudir a su habitación con el objetivo de tranquilizarlo y darle seguridad. Una vez conseguido, es recomendable salir de su habitación, permitiendo que éste vuelva a conciliar el sueño solo.
  • También puede ser de utilidad acariciar y mecer al niño, sin otorgar demasiada importancia a la pesadilla, puesto que éste podría aprender a utilizarla como mecanismo para atraer la atención en posteriores ocasiones. Un momento adecuado para hablar sobre el contenido del sueño es durante el día, con el objetivo de detectar el problema o preocupación que hay detrás y ayudarle a solucionarlo.
  • Evitar la excesiva excitación. Los niños deben tener un periodo de calma y relajación antes de acostarse.

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  • Crisis de ansiedad, ataques de pánico, trastornos depresivos.
  • Problemas familiares o de pareja.
  • Comportamiento infantil y adolescente.
  • Acompañamiento tras un diagnóstico de patología grave.
  • Incluye al año entrevista inicial y 3 sesiones telefónicas de seguimiento.