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Publicado marzo 2026
10 Min de lectura
Tercera edad: ejercicios físicos y mentales para un envejecimiento saludable
Elena, socia del Club Mapfre, acaba de cumplir 70 años. Aunque se encuentra bien de salud quiere mantenerse lo más independiente posible y prevenir los posibles achaques de la edad. Ha visto una gran mejoría en amistades suyas que realizan ejercicios en centros de día o en su casa y está interesada en realizar ejercicios físicos y mentales que puedan ayudarle a lograr un envejecimiento saludable.
Como pertenece al Plan de Fidelización de Mapfre desde hace tiempo, ha decidido aprovecharse de sus beneficios y contactar con el Experto Yo Me Ocupo del Club Mapfre para que le ofrezca algunas recomendaciones acerca de este tipo de ejercicios para mantenerse activa.
Nuestro experto le confirma que mantener la mente en forma es tan importante como ejercitar el cuerpo, especialmente en la etapa adulta. La estimulación cognitiva favorece la neuroplasticidad -esto es, la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones-, ayudando a preservar funciones como la memoria, la atención y el razonamiento, y contribuyendo a una mejor calidad de vida. Con este objetivo, el Experto ha recopilado una serie de ejercicios físicos y mentales que ayudarán a Elena a mantener su cuerpo activo y su mente ágil, promoviendo un bienestar integral y sostenido en el tiempo.
- Envejecer sabudable
- Ejercicios
- Memoria
Envejecimiento saludable
El envejecimiento saludable no es una cuestión de suerte. Depende, en gran medida, de los hábitos que incorporas a tu día a día. Y la buena noticia es que nunca es tarde para empezar. A partir de los 65 años, el cuerpo cambia -la masa muscular disminuye, las articulaciones se vuelven más rígidas, el equilibrio puede verse comprometido-, pero también responde de forma notable al movimiento y al estímulo mental. El envejecimiento activo es hoy uno de los enfoques más respaldados por la ciencia para vivir más y mejor.
Beneficios de combinar ejercicio físico y mental en la tercera edad
Cuando combinas actividad física con ejercicios cognitivos para mayores, los beneficios se multiplican. El ejercicio físico mejora la circulación sanguínea en el cerebro, lo que favorece la memoria y la concentración. Al mismo tiempo, entrenar la mente ayuda a mantener la motivación y la constancia en la actividad física. Es un círculo virtuoso que protege tanto el cuerpo como la mente frente al deterioro asociado a la edad. Estudios como los publicados por la OMS señalan que las personas mayores que realizan actividad física regular de forma habitual tienen menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, depresión y deterioro cognitivo.
Cuánto ejercicio necesitas a la semana y cómo adaptarlo a tu nivel
La Organización Mundial de la Salud recomienda que las personas mayores de 65 años realicen al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o 75 minutos de actividad intensa, repartidos a lo largo de la semana. Además, se aconseja incluir ejercicios de fuerza al menos dos días por semana. Pero esto no tiene que sonar intimidante. Si ahora mismo llevas una vida sedentaria, el objetivo inicial puede ser tan sencillo como caminar 20 o 30 minutos tres veces por semana e ir aumentando de forma progresiva. Lo importante es que el ejercicio sea regular, no que sea intenso. Cada persona tiene un punto de partida diferente, y lo más inteligente es respetar el tuyo.
Señales de alarma y precauciones antes de entrenar
Antes de iniciar cualquier rutina de ejercicios para mayores de 65 años, es recomendable consultar con tu médico, especialmente si tienes alguna patología crónica, tomas medicación habitual o llevas tiempo sin hacer ejercicio. Durante la práctica, presta atención a ciertas señales que indican que debes parar: dolor en el pecho, mareos, dificultad para respirar de forma desproporcionada al esfuerzo, dolor articular agudo o sensación de inestabilidad. Estas señales no deben ignorarse. Parar, descansar y consultar con un profesional es siempre la decisión correcta. El objetivo del ejercicio es mejorar tu bienestar, no forzar los límites del cuerpo.
Cómo crear el hábito de entrenar
Uno de los mayores obstáculos para mantenerse activo no es físico, sino mental, por la pereza, la falta de tiempo percibida o la sensación de que “con lo poco que voy a hacer, no vale la pena”. Pero la ciencia del comportamiento demuestra que la consistencia supera a la intensidad. Una rutina de tan solo 10 o 15 minutos diarios, realizada a la misma hora todos los días, genera un hábito sólido en pocas semanas. Puedes empezar con un par de ejercicios de movilidad por la mañana, al levantarte, y añadir un paseo corto después de comer. Con eso ya estás haciendo más de lo que crees.
Ejercicios para mayores de 65 años: movilidad articular, flexibilidad y bajo impacto
Si te preguntas por dónde empezar cuando hablamos de ejercicios físicos y mentales para la tercera edad, la respuesta más práctica es por el movimiento suave, controlado y sin dolor. No necesitas ir a un gimnasio ni levantar pesas. Los ejercicios de movilidad articular y los estiramientos son la base sobre la que construir cualquier rutina saludable a partir de los 65 y ayudan a prevenir caídas.
Antes de empezar cualquier ejercicio, aunque sea suave, el cuerpo necesita una señal de que va a moverse. Un calentamiento de 3 minutos es suficiente y puede hacerse sentado o de pie, según tu comodidad. Empieza moviendo los hombros en círculos hacia delante y hacia atrás, unas 8 o 10 veces en cada dirección. Luego, gira el cuello lentamente de lado a lado, sin forzar. Después, levanta y baja los talones del suelo alternativamente, como si caminaras en el sitio, durante un minuto. Termina rotando las muñecas y abriendo y cerrando las manos. Este pequeño ritual prepara las articulaciones y el sistema cardiovascular, y reduce significativamente el riesgo de lesión.
Ejercicios de movilidad articular
Los ejercicios de movilidad articular buscan mantener el rango de movimiento de cada articulación, algo que se reduce de forma natural con la edad si no se trabaja de manera regular. Aquí tienes una rutina organizada por zonas:
- Cuello y hombros: inclina la cabeza hacia un lado, aguanta 5 segundos y cambia. Lleva el mentón al pecho suavemente. Rota los hombros hacia atrás en círculos amplios. Estos movimientos alivian la tensión cervical y mejoran la postura.
- Columna vertebral: sentado en una silla, gira el tronco hacia un lado apoyando la mano en el respaldo, mantén la posición 5 segundos y repite al otro lado. Este ejercicio mejora la rotación de la columna y puede aliviar molestias en la zona dorsal.
- Caderas y rodillas: de pie con apoyo en la pared o el respaldo de una silla, eleva una rodilla hasta la cadera lentamente y bájala. Alterna 10 veces por pierna. También puedes hacer pequeñas rotaciones de cadera, como si movieras un hula-hoop de forma suave.
- Tobillos y pies: sentado, dibuja círculos en el aire con los pies, primero hacia un lado y luego hacia el otro. Flexiona y extiende el pie completo. Esto mejora la circulación y el equilibrio.
- Manos y muñecas: abre y cierra el puño varias veces, rota las muñecas y estira los dedos hacia atrás con suavidad. Ideal para quien sufre rigidez por artrosis.
Ejercicios para mejorar la flexibilidad
Los ejercicios para mejorar la flexibilidad se hacen siempre de forma estática, llegas a una posición de ligero estiramiento, sin dolor, y la mantienes entre 20 y 30 segundos. Los rebotes están completamente desaconsejados porque pueden provocar microlesiones musculares.
- Piernas: sentado en el borde de la silla, extiende una pierna y lleva el pie en punta hacia ti. Sentirás el estiramiento en la parte posterior del muslo. Mantén y cambia.
- Cadera: tumbado boca arriba (o sentado si es más cómodo), lleva una rodilla hacia el pecho con ambas manos durante 20 segundos. Alterna.
- Pecho y hombros: entrelaza las manos detrás de la espalda, estira los brazos y abre el pecho. Este estiramiento contrarresta la postura encorvada tan habitual con el paso de los años.
- Espalda suave: a cuatro patas o apoyado en la pared, arquea y redondea la espalda lentamente, como el movimiento del gato. Alivia la tensión lumbar y mejora la conciencia corporal.
Ejercicios de bajo impacto recomendados
Los ejercicios de bajo impacto son aquellos que no generan golpes ni cargas excesivas sobre las articulaciones. Son los más recomendados para el envejecimiento activo por su eficacia y seguridad. Las mejores opciones son:
- Caminar: la más accesible y completa. Mejora la salud cardiovascular, el estado de ánimo y el equilibrio. Basta con caminar 30 minutos a paso moderado la mayoría de los días de la semana.
- Bicicleta estática: ideal si tienes problemas de rodilla o cadera, ya que el peso corporal no recae sobre las piernas. Permite controlar la resistencia y adaptar el esfuerzo al nivel de cada día.
- Actividades acuáticas: el agua reduce hasta un 90% el impacto sobre las articulaciones. La natación suave y la gimnasia acuática son opciones excelentes para quienes tienen artrosis u otras limitaciones articulares.
- Baile suave: además de ser ejercicio de bajo impacto, el baile estimula la coordinación, la memoria y el bienestar emocional. Clases de baile en grupo también aportan socialización, otro factor clave en el envejecimiento saludable.
- Elíptica suave: si tienes acceso a este tipo de máquina y tu estado físico lo permite, la elíptica combina trabajo cardiovascular y de tren superior sin impacto en las rodillas.
- Pilates para mayores: es una de las disciplinas con mayor crecimiento en este grupo de edad, y con razón. Trabaja la fuerza del core (la musculatura profunda del abdomen y la espalda), mejora la postura, desarrolla el equilibrio y aumenta la conciencia corporal. Todo ello sin cargas, sin impacto y con ejercicios completamente adaptables a distintos niveles de movilidad. Existen clases específicas de pilates para personas mayores, tanto presenciales como en formato vídeo, que permiten practicarlo con seguridad y de forma progresiva. Si aún no lo has probado, puede ser una de las mejores incorporaciones a tu rutina semanal.
Errores comunes al entrenar y cómo evitarlos
El error más frecuente es empezar a entrenar con demasiada intensidad y abandonar a los pocos días por agujetas o cansancio. La progresión gradual es fundamental. Otros errores habituales son no calentar antes de empezar, no hidratarse suficientemente durante el ejercicio, aguantar el dolor pensando que “es normal” y no descansar los días necesarios. El descanso no es perder el tiempo, es parte del entrenamiento. El cuerpo necesita recuperarse para adaptarse y mejorar.
Ejercicios para la memoria: ejercicios mentales y cognitivos para mayores
Cuidar el cerebro es tan importante como cuidar el cuerpo. Los ejercicios para la memoria y las actividades cognitivas son una parte esencial de cualquier plan de envejecimiento saludable. El cerebro, como el músculo, responde al estímulo, cuanto más lo ejercitas, mejor mantiene su rendimiento con el paso de los años.
Qué entrenas cuando haces ejercicios cognitivos
Cuando realizas ejercicios cognitivos para mayores, no solo trabajas la memoria. Entrenas también la atención sostenida (la capacidad de concentrarte en una tarea durante un tiempo prolongado), la velocidad de procesamiento (la rapidez con que el cerebro analiza información), las funciones ejecutivas (planificación, toma de decisiones, resolución de problemas) y el lenguaje. Cada uno de estos procesos puede mantenerse activo con el estímulo adecuado. La neuroplasticidad -la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones- no desaparece con la edad. Se ralentiza, sí, pero no se detiene. Y el entrenamiento cognitivo regular es una de las formas más efectivas de aprovecharla.
Ejercicios mentales para mayores según su objetivo
Los ejercicios mentales para mayores pueden organizarse según el objetivo que se quiere trabajar:
Para mejorar la concentración: los ejercicios de atención plena o mindfulness son muy efectivos. Algo tan sencillo como sentarte en silencio durante 5 minutos y centrarte en tu respiración, sin dejar que la mente se distraiga, entrena la capacidad de atención de forma notable. También funcionan las sopas de letras y los laberintos, porque exigen mantener el foco en una sola tarea.
Para la agilidad mental: los juegos de palabras, como los crucigramas o el juego del “veo-veo” con categorías, activan la velocidad de acceso al vocabulario y la asociación de ideas. Cualquier actividad que exija recordar y relacionar conceptos en poco tiempo tiene este efecto.
Para el razonamiento lógico: el sudoku, el ajedrez, los juegos de estrategia o los rompecabezas son aliados del pensamiento lógico y la planificación. No hace falta resolver puzzles de mil piezas, incluso uno de 100 piezas activa zonas del cerebro relacionadas con la atención visual y la resolución de problemas.
Para los ejercicios de memoria específicos: trata de memorizar una lista de la compra sin escribirla, recuerda lo que hiciste ayer paso a paso, aprende los nombres de nuevas personas o intenta recordar los títulos de las películas que has visto recientemente. Estos ejercicios cotidianos trabajan la memoria episódica, una de las primeras en verse afectada con el envejecimiento.
Actividades que protegen el cerebro
Más allá de los ejercicios estructurados, hay actividades de ocio del día a día que actúan como un escudo natural frente al deterioro cognitivo. La socialización es una de las más poderosas. Las personas que mantienen relaciones sociales activas tienen menos riesgo de desarrollar demencia. Quedar con amigos, participar en actividades grupales, asistir a talleres o simplemente llamar por teléfono a alguien cada día es, literalmente, un ejercicio para el cerebro.
La lectura activa -aquella en la que, además de leer, reflexionas, subrayas, te preguntas cosas o comentas lo leído con alguien- estimula la comprensión, el vocabulario y la memoria semántica de forma mucho más eficaz que la lectura pasiva.
El aprendizaje continuo es otro de los grandes protectores cognitivos. Aprender un idioma nuevo, tocar un instrumento, tomar clases de pintura, cocinar recetas que nunca has preparado o aprender a usar una aplicación nueva son experiencias que generan conexiones neuronales nuevas. La clave está en salir de la zona de confort cognitiva, porque cuando algo te cuesta un poco, es señal de que tu cerebro está trabajando.
En definitiva, el envejecimiento activo no es solo una cuestión de moverse más. Es una forma de entender la vida en la que el cuerpo y la mente se cuidan de manera conjunta, con constancia y sin prisa. Pequeños cambios diarios, mantenidos en el tiempo, tienen un impacto enorme en cómo te sientes y en cómo envejeces. Empieza hoy, con lo que tienes y como puedes. Eso es suficiente.
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